El lugar más romántico de Florencia se encuentra suspendido sobre el río Arno. Es el Ponte Vecchio (el puente viejo), que conecta las dos orillas de la ciudad antigua. Con el tiempo se ha convertido también en uno de los grandes iconos de la ciudad, la típica imagen de la capital de la Toscana que los viajeros se llevan grabada en la memoria.
En este lugar los romanos construyeron un puente de madera que fue reemplazado por uno más sólido, de piedra, en el siglo XIV, lo cual le convierte en el puente de este tipo más antiguo de Europa. Ya desde la época medieval fue un importante centro comercial, ocupado originalmente por carniceros y matarifes que arrojaban los despojos de los animales al río, una práctica insalubre que acabó siendo prohibida en 1593. Entonces fue cuando joyeros y orfebres ocuparon las casas colgantes sobre el puente que hoy vemos. Más o menos de la misma época data la construcción del Corredor Vasariano, la terraza elevada que conecta el Palacio Vecchio con el Palacio Pitti, pasando sobre el Ponte Vecchio, sin necesidad de pisar la calle.
A pesar de la nutrida presencia de turistas a todas horas, está claro que este viejo puente tiene algo especial que lo hace digno de una visita. Tal vez por ese “algo” se salvó de la destrucción durante la II Guerra Mundial. Se dice que los alemanes en su retirada, dinamitaron todos los puentes de Florencia menos éste por orden expresa del mismísimo Führer. Ese magnetismo peculiar es el que ha hecho también de este lugar el elegido por las parejas de enamorados para jurarse amor eterno, que sellan colgando en su estructura candados con los nombres de la pareja inscritos sobre él.
Durante el viaje a la ciudad es probable que pases por este puente varias veces ya que los principales monumentos y lugares de interés, además de los principales hoteles en Florencia se arremolinan en torno a él.
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